No tenemos que regresarnos 2,000 años para presenciar la crucifixión de Cristo


No tenemos que regresarnos 2,000 años para presenciar la crucifixión de Cristo, está sucediendo diario alrededor nuestro!

Mi parte favorita de la liturgia del viernes santo es cuando me arrodillo ante la cruz y la beso y la abrazo: abrazándola y aceptándola como parte de mi caminar con Jesús. Para los católicos, la cruz no es un evento de una sola vez en la historia, sino lo que nos sucede todos los días. Cada uno de nosotros ha ido y volverá a ir al calvario. Me atrevo a decir que vamos allí todos los días. Todos llevamos la cruz diario porque eso es lo Jesús nos dijo: "No eres digno de ser mi seguidor a menos que tomes tu cruz a diario y me sigas". Llevas tu cruz con tu depresión que roba tu alegría y energía; llevas tu cruz cuando la enfermedad crónica agota tu fuerza y ​​te deja temeroso; la crucifixión ocurre en tu vida cuando la vejez trae la muerte de su cónyuge y muchos amigos; te crucifican cuando la gente habla de ti y te inventan cosas y mienten sobre ti; llevas tu cruz con la adicción que enfrentas todos los días; has estado en la cruz cuando tu cónyuge te engañó o te dejó; has estado llevando esa cruz todos los días con la discriminación, el racismo y los prejuicios que soportas; Sucede cuando eres abusado y se aprovechan de ti y más por alguien en quien confiabas. He visto el calvario aquí en Clearlake cuando una madre soltera de cinco hijos no puede alimentar a sus hijos o cuando una madre soltera tiene que vivir en un automóvil con sus hijos y no va a buscar ayuda del estado por temor a que le quiten sus hijos: no tengo que regresar 2,000 años para presenciar el Viernes Santo: lo vivo todos los días en mi vida y en la vida de las personas a las que ministro. El calvario de Cristo es nuestro calvario. La cruz de Cristo es nuestra cruz. No celebramos el Viernes Santo para ver lo que le sucedió a Jesús; lo celebramos para llegar a ganar significado y comprensión de lo que nos sucede. Jesús abrazó todos los sufrimientos humanos posibles, abrazó su cruz, para que pudiéramos saber que nunca sufrimos ni llevamos nuestra cruz solos. Al besar la cruz hoy, lo hago sabiendo que la historia no termina ahí y si lo sigo hoy el Viernes Santo, también lo seguiré el domingo de Resurrección, donde la muerte da paso a la vida; donde la tragedia cede al triunfo; donde la piedra quiebra la cruz, porque si estamos con Él en Su muerte, se nos promete estar con Él en Su resurrección donde los corazones se remendan, la vida es eterna y el amor nunca falla. Padre Adam Kotas

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